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Historia

La Fundación Bariloche fue creada en el año 1963 con el fin de contribuir a la realización de actividades de investigación, enseñanza de postgrado y creación, y de transferir sus experiencias y resultados a la sociedad. El principio rector de su accionar, según el estatuto y sobre todo de acuerdo con el espíritu y praxis de sus fundadores e integrantes, fue desde sus inicios el respeto irrestricto de la libertad académica y la defensa de los principios democráticos y republicanos. La creación de una institución de este tipo en la ciudad de Bariloche resultó de la inquietud de un grupo de científicos de la Comisión Nacional de Energía Atómica, entre quienes se destacaron Carlos A. Mallmann, Jorge A. Sábato, Fidel Alsina, Francisco Morey Terry, Juan G. Roederer, Ricardo P. Platzeck y Alberto González Domínguez, y de empresarios como Arturo Mallmann, Guillermo Linck, Cecilio Madanes, William Reynal, Teodosio Brea, Eduardo Braun Cantilo y José Azulay. Confluyeron en este proyecto las experiencias de la Fundación Di Tella, con los aportes de Guido Di Tella y Enrique Oteiza, y del Instituto de Investigaciones Bioquímicas, fundado por Luis Federico Leloir con la participación de Horacio G. Pontis. Colaboraron también Enrique José Miguens, Juan T. Lewis, Augusto Conte, Eduardo Tiscornia y Juan Carlos Secondi.

En sus comienzos y hasta mediados de la década de 1970 la Fundación se componía de un Consejo Directivo, un Consejo Asesor, la Presidencia Ejecutiva, una Gerencia de Administración y una Gerencia de Desarrollo. El Consejo Directivo estaba conformado por los miembros permanentes -entre ellos varios de los fundadores- los directores de los departamentos, delegados de los grupos empresarios y representantes del personal académico y administrativo elegidos por sus pares. Por su parte, el Consejo Asesor estaba conformado por delegados de los grupos empresarios y un representante del personal académico. La Presidencia Ejecutiva, cargo ocupado inicialmente por Carlos A. Mallmann, contaba con el apoyo de la Gerencia de Administración con sede en Bariloche y de la Gerencia de Desarrollo  en Buenos Aires. Esta última tenía a su cargo, además de las actividades de apoyo administrativo, la captación de recursos económicos globales y especiales. Paulatinamente se conformaron grupos de trabajos en ciencias naturales, ciencias sociales y arte, que definieron sus agendas de investigación en función de los intereses de la región y del país.

En poco más de una década de vida la Fundación contaba con los siguientes departamentos y programas:

  • Departamento de Matemática, con tres programas: matemática aplicada, estadísticas e investigación en operaciones.

  • Departamento de Biología, con programas de bioquímica y microbiología vegetal.

  • Departamento de Recursos Naturales y Energía, con tres programas: geología, ecología y economía de la energía.

  • Departamento de Ciencias Sociales, con programas de investigación en filosofía y política, movimientos laborales, sociología política, problemas socio-económicos del desarrollo.

  • Departamento de Música, con dos programas, capacitación e interpretación de música de cámara y difusión musical. El primero de ellos dio vida a la Camerata Bariloche.

  • Programa de transferencia cultural y científica

  • Programa de estudios de prospectiva regional, nacional y global.

La Fundación llegó a contar con cerca de 200 personas en planta entre investigadores, becarios y técnicos y personal administrativo. Integraron y dirigieron sus programas prestigiosos investigadores como Horacio Pontis (Biología), Peter Heintz, Manuel Mora y Araujo, Luis Aznar (Ciencias Sociales), Alberto Lysy, Oleg Kotzarew (Música), Félix González Bonorino, Carlos E. Suárez, Amilcar Herrera (Recursos Naturales y Energía), Hugo Scolnik (Matemática) y  Fidel Alsina (Transferencia). La labor de investigación fue muy fructífera. Se publicaron y difundieron numerosos trabajos, se capacitó a un importante número de becarios y se realizaron seminarios, espectáculos teatrales y conciertos musicales que convirtieron a la institución en el centro cultural de mayor relevancia de la ciudad.

Entre los logros de mayor trascendencia de estos primeros años de actividad se pueden mencionar:

  • La instalación en  el centro de la ciudad de la primera computadora disponible en Bariloche. La capacidad de procesamiento y la velocidad eran muy bajas, de acuerdo a la época, y las instalaciones exigieron una superficie de casi 80 metros cuadrados, con el mantenimiento permanente de condiciones de temperatura y humedad que hicieran posible su funcionamiento. Los asistentes, perforadores de tarjetas, conformaban un grupo de trabajo.
  • Las actuaciones de la Camerata Bariloche, en Bariloche, para la Fiesta de la Nieve, así como en Buenos Aires y el resto del país y paulatinamente en el mundo, pusieron el nombre de la Fundación Bariloche en lo más alto en cuanto a conjuntos de música de cámara.
  • El Modelo Mundial Latinoamericano, trabajo multidisciplinario conducido por Amílcar Herrera, recorrió también el mundo. Sus resultados se expusieron en numerosos y prestigiosos centros universitarios, siempre con la Camerata acompañando las exposiciones. Este Modelo fue la respuesta desde los países del Sur a la tesis del Club de Roma que, con una visión malthusiana, pretendía frenar el desarrollo de esos países so pretexto del agotamiento de los recursos naturales. El modelo alternativo desarrollado por la Fundación demostró que, al poner como objetivo central del desarrollo de los pueblos la eliminación del hambre y no el estilo consumista de los países centrales, los recursos naturales, incluidas las tierras, alcanzaban para sostener una población tres veces superior a la existente a comienzos de los años ‘70. Además demostraba que la mejor manera de controlar la tasa de natalidad era el desarrollo humano de los pueblos.
  • Los Cursos Latinoamericanos de Postgrado en Economía y Planificación Energética -únicos en la región- capacitaron un gran número de profesionales de América Latina y el Caribe.
  • El departamento de Ciencias Sociales fue pionero en el uso de recursos cuantitativos para la investigación social en nuestro país.

A partir de 1976, con el comienzo de la dictadura, se modificó drásticamente la situación de la Fundación. El gobierno militar puso como condición para sostener el subsidio del Estado Nacional -uno de los principales apoyos económicos de la institución- la cesantía de algunos investigadores y la subordinación de los contenidos de las investigaciones. La Presidencia Ejecutiva, a cargo de Carlos E. Suárez, el Consejo Directivo y el personal no aceptaron estas condiciones y a fines de ese mismo año, merced a la venta de unos terrenos comprados con la idea de construir un campus, se indemnizó a todo el personal. En los años que siguieron la Fundación quedó reducida a su mínima expresión, con unas 15 personas que asumieron el riesgo de seguir adelante, utilizando fondos de las respectivas indemnizaciones y donaciones individuales de tiempo dedicadas a la institución. En estas decisiones de compromiso para la continuidad institucional se adoptaron estrategias que surgieron de las opiniones y reuniones de trabajo de Carlos A. Mallmann, Jorge A. Sábato, Carlos E. Suárez, Juan Carlos Secondi y Eduardo Tiscornia.

Así, se inició una etapa con los mismos objetivos pero con una organización diferente y reducida. Departamentos como el de Música y el de Biología lograron reorganizarse y subsistir en Buenos Aires y en Mar del Plata respectivamente, creando nuevas entidades de bien público. El grupo de Ecología con el nombre de ECOTONO, dirigido por Eduardo Rapoport pasaría a formar parte de la Universidad Nacional del Comahue, manteniendo y acrecentando su prestigio a nivel internacional. El Departamento de Matemática y el de Transferencia, en cambio, se desintegraron. Igual suerte corrieron los grupos de Geología, Hidrología y Ecología del Departamento de Recursos Naturales y Energía. Por su parte, la Gerencia de Administración en Bariloche y la de Desarrollo en Buenos Aires se redujeron a la mínima expresión operativa.

Las actividades que no desaparecieron se transformaron en nuevos grupos integrados o asociados a la institución. De este modo, los programas de  problemática ambiental, a cargo de Gilberto Gallopin, y el de energía, dirigido por Carlos E. Suárez del Departamento de Recursos Naturales y Energía, conformaron el Instituto de Economía Energética (IDEE) dirigido por Carlos E. Suárez. Asimismo, Carlos Mallmann del Programa de Transferencia junto con Oscar Nudler, proveniente del Departamento de Ciencias Sociales impulsaron la creación del Centro de Estudios de Desarrollo Humano y Social (CEDHS).  En esta etapa se creó también el Centro de Desarrollo de Proyectos (CEDEPRO) con la dirección ejecutiva de Juan Carlos Secondi. La continuidad institucional en este período fue posible en buena medida gracias a la cooperación de organizaciones internacionales públicas y privadas.

A partir de 1983, con el advenimiento de la democracia y la consiguiente recuperación de la libertad académica, la Fundación dejó de ser amenazada y comenzó a recibir estímulos oficiales. Los grupos de investigación se reorganizaron nuevamente desde fines de la década de 1980. En 1990 se creó el Programa de Filosofía, abocado a la investigación y la enseñanza de postgrado en distintas áreas de la filosofía, en particular epistemología. En 1994 fue creado el Programa de Calidad de Vida que dotó de nueva entidad a las investigaciones acerca del grado de excelencia de vida de la población de Bariloche, y de la Provincia de Río Negro, en particular, y de Argentina, en general, que se habían comenzado a realizar desde fines de la década de 1980. Ese mismo año se conformó el Programa de Medio Ambiente y Desarrollo, dando así continuidad a las actividades sobre temas ambientales que la Fundación había desarrollado desde sus comienzos. La biblioteca de la Fundación -especializada en tema de energía, economía energética, medio ambiente y ciencias sociales- lleva desde el año 2003 el nombre de quien fuera presidente de la institución, Carlos E. Suárez.

Estas breves líneas pretenden ser un homenaje a los esfuerzos y contribuciones de quienes crearon la Fundación Bariloche, a quienes apostaron por su continuidad y crecimiento y a los que siguen construyendo nuevos destinos y desafíos. Homenaje de los que heredaron y hoy mantienen a la Fundación fiel a sus principios de libertad académica y compromiso social, procurando sostener y acrecentar su excelencia académica.



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